No soporto fin de año.

 No soporto que este 2011 termine.

 No soporto las cuatrimestrales, los más de 35ºC de calor, los adornos navideños que hacen creer falsamente que todo está bien. No soporto que 1 haga notas de fin de año, que 3 ya haya empezado sus vacaciones(igual que muchos de mis amigos), que 3579847027493 personas que me ayudaban a no entrar en crisis por la vida egresen y se pierdan en el mundo de la universidad. No soporto que una pareja amiga (de 2 años casi) corte, que los padres de 3 se estén separando, que Mary Poppins se ponga de novia y aún así de feliz siga alterandose(aunque un poquito menos) por las cosas.  No soporto que haga mucho calor y que me tenga que depilar a cada rato, que haga calor y que quiera sí o sí estar en pieza donde no hay aire acondicionado.

 No soporto ir a las últimas instancias de las olimpiadas y ser de las más grandes, y al mismo tiempo ir a que mi novio me empuje en la hamaca. No soporto sentirme taaaaaaaan niña y taaaaaaan vieja a la vez, ser tan vieja para no dudar en querer irme a vivir con 3 el año que viene en otra provincia (lo que es la locura más grande que cometeré en mi vida) y estar segura de que soy capaz de estar sola con él lejos del mundo y sobrevivir en el intento, y al mismo tiempo ser  tan niña porque él lo quiere y al mismo tiempo no le importa, y yo sí quiero hacer el amor pero no quiero.

 No puedo ser adolescente, o mujer, o vieja del todo. Pedirme eso era mucho. No soy tan madura.

 Y, encima, estoy insoportable.

Esos tres días: De la seguridad a la incertidumbre.

 Dije "que iba a volver" después del 12 de noviembre. Pensé que el 13 ya iba a estar escribiendo otra vez, y no. Pienso que el 12 de noviembre fue hace un mes, y en realidad, estoy a tan solo 6 días. 6 días que duraron un mes. En la línea cronológica subjetiva de mi cabeza, estos días no pasaban más. 


Día 12 de noviembre
 Regresé del hermoso viaje que hice con pesar. No quería volver. Las cosas habían sido demasiado perfectas como para que yo regrese y ESOS TRES DÍAS me pongan en la cuerda floja. Volví con diploma y más amigos. Regresé para pintura, gritos, y competencia. Nadie en mi lugar hubiese querido volver. De la seguridad a la incertidumbre.


Día 13 de noviembre
 La previa. Vísperas de esos tres días. Como víspera a la víspera, fui al cine. Salí y llovía. Llegué a destino, y luego una noche sin sueño. Con todos ellos que se hacían llamar como yo. (Já) La pasé bien, no voy a mentir. Me reí mucho. A pesar de todo, no fue como la primera vez hace un año. 


Día 14 de noviembre(día 1 de esos tres días)
 Pintura. Afiches. Locura. Colores por todas partes. Gritos. No lo disfruté en absoluto. Desde lejos se me veían las ganas de dejar de saltar y pretender que lo que gritaba era cierto. México(una amiga) me rescató y aproveché para escaparme. Tuve que desayunar y aproveché para escaparme. Tenía que ir a la casa de gobierno y aproveché para escaparme. En fin, escapé.

Día 15 de noviembre(día 2 de esos tres días)
 Día de hablar. Todos decían y decían lo que querían hacer. Lo que yo decía era puramente personal, me agradaba decirlo. En los recreos, todos los grupos de personas de diferentes colores estabamos riendonos juntos. Fue lindo. Fue incuso más lindo que el año pasado. Al terminar, México y yo fuimos a tomar un helado, que hizo que me olvide que estaba en el medio de esos tres días.

Día 16 de noviembre(día 3 de esos tres días)
 Normal a la mañana. Al mediodía.. bueno, no es que fraude sea mi apodo preferido. A la tarde me convencí de que pase lo que pase iba a estar bien. Si yo no ganaba, lo iba hacer a hacer alguien que podía ser tan o más buena que yo para esto. Llegué a la escuela con una sonrisa increíble. Dos amigas lloraban. Me despedí de mi sonrisa. HORAS pasaron, y al final, salieron al balcón. Nombran las personas ganadoras. Violeta estaba allí. La nombran y fui feliz por ella. De mi grupo hasta eso solo nombraron dos, el resto de otros colores. Llega el momento en que tenían que pronunciar mi nombre. Y lo hacen. De repente mucha gente me abraza y me grita. Si yo ganaba, significaba que J no lo hacía. La busco con la mirada. En un momento aparece, me abraza, y llora. Llora mucho. Y yo también.
 Termina todo y yo estaba feliz, pero no podía ponerme feliz.  Mucha gente me felicita, y yo también lo hago. El ambiente era ambiguo, gente saltando y gritando de alegría, y otros llorando y en transe. Y yo estaba en el medio de todo eso. No sabía como reaccionar. Me invitan a saltar y yo acepto, en el medio se me escapan unas lágrimas.

Por suerte, esos tres días ya pasaron. Y yo sigo mi vida.



Fuera de aquí.


 Adiós, me fui a ser feliz.
Por lo menos, por 10 días.